Gentrificación y mercantilización de identidades por el mismo precio en el barrio de Chueca

Desde hace unos años asistimos al intento de imponer en Madriz un modelo urbanístico, social y casi vital que afecta directamente a los modos en los que la ciudadanía convive, se relaciona y gestiona sus relaciones personales o su vinculación con el espacio público. Este proceso se conoce como gentrification (gentrificación en su adaptación al castellano y que podríamos traducir como aburguesamiento o elitización) que no es sino el intento de importación de un modelo urbanístico nacido a finales de los años 80 en Estados Unidos.

Aún tratándose de un complejo proceso con estratégicas adaptaciones locales con variantes y matices, consiste básicamente en la entrada de capital privado en un barrio céntrico degradado y desatendido por cuestiones como delincuencia, prostitución o personas en riesgo de exclusión social, auspiciadas por una mala praxis del Estado en políticas sociales. Por ejemplo a través de la compra de viviendas o espacios considerados poblemáticos (en Malasaña una inmobiliaria de TriBall compró todos los burdeles salvo uno). Así se intenta “regenerar” el barrio echando a estos habitantes “conflictivos”, además de los poco “productivos” (ancianxs o trabajadoras del sexo con
as que nadie quiere dialogar) mientras el barrio cambia su tejido social. Lxs habitantes originarixs comprueban como su alquiler sube y su barrio se llena de comercios caros orientados a gente cool con mayor poder adquisitivo, mientras los comercios tradicionales van desapareciendo. El mercado de San Miguel en los aledaños de la Plaza Mayor o el de San Antón aquí en Chueca son claros ejemplos.

El Ayuntamiento contribuye inundando la ciudad de plazas de cemento que se llenan de terrazas como lugares impuestos de socialización y recuperación de espacios “conflictivos”. Lugares inhóspitos donde no permanecer si no es consumiendo. Espacios para el desencuentro, de paso, lugares del miedo y el control. Imposición de videovigilancia en los barrios “problemáticos” exigida por parte de las vecinas y comerciantes cansadas de ver cómo los poderes públicos no solucionan los problema de seguridad en su barrios. Vecinas y vecinos que abrazan la falsa sensación de seguridad que proporcionan las cámaras. Montera, el entorno de la Plaza Mayor, Malasaña y Lavapiés son ejemplos de ésto. El 21 de diciembre de 2009 podíamos leer en abc.es la siguiente noticia: “una asociación que reúne a 52 dueños de locales de chueca solicita al ayuntamiento de Madrid que instale cámaras de seguridad en su barrio por el aumento de disturbios y otros problemas de inseguridad: trapicheo de droga, botellón incontrolado o prostitución masculina”.

Queremos lugares y espacios propios donde sentirnos seguras pero no a costa de seguir las mismas estrategias excluyentes del capitalismo; que no afronta las problemáticas sociales dando voz a todos los agentes implicados, sino que mira hacia otro lado y los intenta desplazar. Generando desigualdades sociales cada vez más polarizadas. Claro, siempre es más importante hacer un lavado de cara de la ciudad para que los turistas y adineradas puedan sacar sus tarjetas de crédito y sus cámaras de fotos sin miedo.

El capitalismo rosa se alía con las estrategias elitizadoras de los procesos de gentrificación que se intentan imponer en esta ciudad. En el caso concreto del barrio de Chueca, interseccionando no sólo el aburguesamiento del barrio, sino mercantilizando identidades sexuales y de género. Una perversa confusión que coloca al Mercado como agente liberador de identidades a través del consumo. El nivel de vida que llevas, dónde compras y realizas tu ocio codifica tu identidad: ser un ciudadano LGTB de bien pasa por hacer muchas compras.

El capitalismo rosa funciona como estrategia integradora y asimilacionista del potencial transformador de las disidencias sexuales y de género, herramientas de lucha contra el heteropatriacado. El consumo como esperanza de liberación, aceptación y normalización en una sociedad transhomofóbica. Esta ecuación hace aguas cuando maricas, bolleras y trans, con contratos precarios, sin papeles o en exclusión, siguen sin poder materializar los escasos derechos teóricos existentes. Cuando los derechos dependen del nivel adquisitivo, los derechos son papel mojado.

Este barrio y esta ciudad no solo se construyen sin nosotrxs, sino contra nosotrxs. Denunciamos la sistemática privatización del espacio público que se está produciendo en esta ciudad y que tiene su próximo episodio en las intenciones del Ayuntamiento en transformar la Puerta del sol en una gran terraza. Queremos plazas para encontrarnos y conspirar. Parques, lugares de encuentro con árboles que den sombra y no cementerios de asfalto. No buscamos tolerancia, ni aceptación. Rechazamos el capitalismo rosa y su supuesta estrategia de integración, cuando lo único que busca es integrarnos como consumidores. Nuestra disidencia sexual no persigue asimilarse en el sistema sino cuestionarlo y destruirlo. No buscamos respuestas dentro de él. Del mismo capitalismo que nos esclaviza nos queremos nada, de los mismo bares gays que explotan a nuestras hermanas no queremos nada. Nuestra disidencia, nuestra precariedad, nuestras necesidades, nuestros cuerpos, nuestros deseos no caben en vuestras terrazas!

¡Esta es nuestra plaza plaza, okupamos la terraza! ¡nunca más un barrio sin nosotrxs!

Orgullo Crítico.
#OrgulloEsProtesta

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