Seguimos con sueños de barrio…

sueño con un barrio en el que sentirme como en casa
con árboles y plazas
y plazas con bancos
con bancos en los que quepa un cuerpo entero en horizontal
en el que los cuerpos enteros se sientan seguros, libres, afines

un barrio en el que transitar sea un placer
y las terrazas sean las sillas y las mesas de las vecinas

un barrio en el que hidratarse y alimentarse sean posibles,
en el que cuando intercambio moneditas por comida no esté generando plusvalía para un gran empresario

sueño con un barrio en el que el precio de la vivienda este fuera de mis sueños

un barrio en el que las identidades sean autodefinidas, vividas, desarrolladas, con un espacio propio

un barrio en el que cada día sea una fiesta para todas

un barrio en el pueda expresar mis deseos y mis afectos sin limites
un barrio en el que pueda mostrar mi cuerpo sin que nadie lo criminalice

un barrio en el que estemos organizadas, bajo nuestras propias normas, politizadas, movilizadas, con rabia ante lo que nos precariza.

un barrio en el que los problemas se tomen en serio y se de voz y complejidad a sus protagonistas

por eso Chueca no está en mi sueño
Chueca apesta
apesta a dinero dinero dinero
a tiendas caras
a casas caras
a comida cara
a blanquitos
a modelos de belleza impuestos
a androcentrismo
a contratos precarios y explotación laboral
a terrazas que privatizan el espacio publico
a despolitizados, desmemoriados
y a plazas cementerios

pero como los sueños sueños son… habrá que elegir entre poder comprarte un bocadillo e ir a alguna alguna asamblea maja y que no te llamen bollera a la vuelta de la esquina (como mínimo)…

Martu

1013966_257342151064626_1400901895_n Poema extraído del blog de nuestras amigas de Vidas Precarias (que por cierto es de lo más recomendable).

Orgullo Crítico.
#OrgulloEsProtesta

Gentrificación y mercantilización de identidades por el mismo precio en el barrio de Chueca

Desde hace unos años asistimos al intento de imponer en Madriz un modelo urbanístico, social y casi vital que afecta directamente a los modos en los que la ciudadanía convive, se relaciona y gestiona sus relaciones personales o su vinculación con el espacio público. Este proceso se conoce como gentrification (gentrificación en su adaptación al castellano y que podríamos traducir como aburguesamiento o elitización) que no es sino el intento de importación de un modelo urbanístico nacido a finales de los años 80 en Estados Unidos.

Aún tratándose de un complejo proceso con estratégicas adaptaciones locales con variantes y matices, consiste básicamente en la entrada de capital privado en un barrio céntrico degradado y desatendido por cuestiones como delincuencia, prostitución o personas en riesgo de exclusión social, auspiciadas por una mala praxis del Estado en políticas sociales. Por ejemplo a través de la compra de viviendas o espacios considerados poblemáticos (en Malasaña una inmobiliaria de TriBall compró todos los burdeles salvo uno). Así se intenta “regenerar” el barrio echando a estos habitantes “conflictivos”, además de los poco “productivos” (ancianxs o trabajadoras del sexo con
as que nadie quiere dialogar) mientras el barrio cambia su tejido social. Lxs habitantes originarixs comprueban como su alquiler sube y su barrio se llena de comercios caros orientados a gente cool con mayor poder adquisitivo, mientras los comercios tradicionales van desapareciendo. El mercado de San Miguel en los aledaños de la Plaza Mayor o el de San Antón aquí en Chueca son claros ejemplos.

El Ayuntamiento contribuye inundando la ciudad de plazas de cemento que se llenan de terrazas como lugares impuestos de socialización y recuperación de espacios “conflictivos”. Lugares inhóspitos donde no permanecer si no es consumiendo. Espacios para el desencuentro, de paso, lugares del miedo y el control. Imposición de videovigilancia en los barrios “problemáticos” exigida por parte de las vecinas y comerciantes cansadas de ver cómo los poderes públicos no solucionan los problema de seguridad en su barrios. Vecinas y vecinos que abrazan la falsa sensación de seguridad que proporcionan las cámaras. Montera, el entorno de la Plaza Mayor, Malasaña y Lavapiés son ejemplos de ésto. El 21 de diciembre de 2009 podíamos leer en abc.es la siguiente noticia: “una asociación que reúne a 52 dueños de locales de chueca solicita al ayuntamiento de Madrid que instale cámaras de seguridad en su barrio por el aumento de disturbios y otros problemas de inseguridad: trapicheo de droga, botellón incontrolado o prostitución masculina”.

Queremos lugares y espacios propios donde sentirnos seguras pero no a costa de seguir las mismas estrategias excluyentes del capitalismo; que no afronta las problemáticas sociales dando voz a todos los agentes implicados, sino que mira hacia otro lado y los intenta desplazar. Generando desigualdades sociales cada vez más polarizadas. Claro, siempre es más importante hacer un lavado de cara de la ciudad para que los turistas y adineradas puedan sacar sus tarjetas de crédito y sus cámaras de fotos sin miedo.

El capitalismo rosa se alía con las estrategias elitizadoras de los procesos de gentrificación que se intentan imponer en esta ciudad. En el caso concreto del barrio de Chueca, interseccionando no sólo el aburguesamiento del barrio, sino mercantilizando identidades sexuales y de género. Una perversa confusión que coloca al Mercado como agente liberador de identidades a través del consumo. El nivel de vida que llevas, dónde compras y realizas tu ocio codifica tu identidad: ser un ciudadano LGTB de bien pasa por hacer muchas compras.

El capitalismo rosa funciona como estrategia integradora y asimilacionista del potencial transformador de las disidencias sexuales y de género, herramientas de lucha contra el heteropatriacado. El consumo como esperanza de liberación, aceptación y normalización en una sociedad transhomofóbica. Esta ecuación hace aguas cuando maricas, bolleras y trans, con contratos precarios, sin papeles o en exclusión, siguen sin poder materializar los escasos derechos teóricos existentes. Cuando los derechos dependen del nivel adquisitivo, los derechos son papel mojado.

Este barrio y esta ciudad no solo se construyen sin nosotrxs, sino contra nosotrxs. Denunciamos la sistemática privatización del espacio público que se está produciendo en esta ciudad y que tiene su próximo episodio en las intenciones del Ayuntamiento en transformar la Puerta del sol en una gran terraza. Queremos plazas para encontrarnos y conspirar. Parques, lugares de encuentro con árboles que den sombra y no cementerios de asfalto. No buscamos tolerancia, ni aceptación. Rechazamos el capitalismo rosa y su supuesta estrategia de integración, cuando lo único que busca es integrarnos como consumidores. Nuestra disidencia sexual no persigue asimilarse en el sistema sino cuestionarlo y destruirlo. No buscamos respuestas dentro de él. Del mismo capitalismo que nos esclaviza nos queremos nada, de los mismo bares gays que explotan a nuestras hermanas no queremos nada. Nuestra disidencia, nuestra precariedad, nuestras necesidades, nuestros cuerpos, nuestros deseos no caben en vuestras terrazas!

¡Esta es nuestra plaza plaza, okupamos la terraza! ¡nunca más un barrio sin nosotrxs!

Orgullo Crítico.
#OrgulloEsProtesta

Contra el capitalismo rosa

Seguro que muchas habréis escuchado o leído alguna vez este término. Aparentemente nombra algo relativamente fácil de identificar: una estructura económica y social que engloba determinadas actividades económicas llevadas a cabo por empresarios LGTB que siguen el modelo empresarial (y político) de la lógica capitalista, pero enfocadas a un público en diversidad o disidencia sexual; esto es: maricas, bollos, trans, biciosas, cuirs…

En un contexto de disidencia sexual aparecen implicadas muchas más cuestiones, o desde luego la cuestión no es tan sencilla como que haya un empresario marica que monta una sauna, un garito de copas y una cafetería para cubrir una supuesta demanda de ocio determinada. Creemos que el tema es un poco más complejo y en este modesto artículo de elaboración propia trataremos de explicar brevemente, y en la medida de lo posible, las implicaciones que tiene para la población en disidencia de género y sexual estar par- ticipando de este modelo socioeconómico y político, que tiene, sobre todo por cuestiones sociales e históricas, especial incidencia en la vida de maricas.

Lo más sencillo es acercarnos a ambos términos, ver resumidamente su nacimiento y evolución histórica, y descubrir en qué punto se unieron para nuestro horror y escarnio:

¿De dónde viene el capitalismo?

El capitalismo como sistema-ideología y forma de estructurar el mundo en el que vivimos es hijo del siglo xviii y la revolución industrial. Nos situamos en un contexto occidental que no puede obviar que debe su bienestar la explotación de personas y recursos del resto del planeta, pero eso es otro tema y ya nos lo sabemos.

Durante el siglo xix las prácticas sexuales no normativas (esto es, las que no llevan implícita la reproducción: masturbación, sexo anal, etc.) y que desafían el sistema sexo-género (esto es, la concordancia entendida como natural entre sexo biológico, sexualidad y género) son excluidas, vigiladas y catalogadas (recodemos la obsesión científica decimonónica por catalogarlo todo) como peligrosas, pues desestabilizan el sistema de producción y el orden moral y social imperantes. Este orden basado en el capitalismo y los intereses de la iglesia católica tiene como sustento la familia nuclear. El capitalismo la necesita para poder seguir reproduciéndose ya que “ningún sistema se reproduce a si mismo”. Es necesaria mano de obra constante (descendencia) y la división sexual del trabajo (trabajo de cuidados) para asegurar la continuidad del sistema. A través del matrimonio se sella esta unión y se asegura el sistema mientras la iglesia católica asegura su estatus de poder al mismo tiempo que realiza un control sobre la sexualidad y el placer de los individuos. Recodemos además que los católicos están obligados a bautizar a sus hij+s y enseñarles y educarles en el mismo dogma, siguiendo una misma estrategia de perpetuación de poder. Por tanto aquellas prácticas sexuales que ponen en peligro este orden establecido serán calificadas como peligrosas.

Durante el siglo XIX se da un capitalismo de producción, esto es, necesidad de mano de obra para continuar la expansión económica y la producción de mercancía. Durante el siglo XX se da un capitalismo de consumo debido a la sobreproducción de mercancías y servicios. A esto contribuye tanto el desarrollo tecnológico como los cambios sociales. La aparición de las máquinas ahorra tiempo y horas de trabajo mientras que las luchas obreras logran mejoras en las condiciones de l+s trabajador+s. En el momento en el que las máquinas sustituyen en gran medida a la mano de obra (o a determinada mano de obra) hacen falta consumidor+s que consuman todos esos productos. Hay una reducción de la jornada laboral y aparece el ocio. Este fenómeno se potencia sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial y la década de los 50 con el American way of life como modelo ideal. El tiempo de ocio es, gracias en gran medida al desarrollo de la publicidad, inmediatamente asociado al consumo. Ocio como bienestar y ocio como consumo dan lugar a consumo como bienestar. En el siglo xx cualquier individuo es un potencial consumidor luego “cualquier colectivo es aceptado en tanto que agente de consumo”.

¿Qué es el mercado o capitalismo rosa?

La rebelión de Stonewall que tuvo lugar la madrugada del 28 de junio de 1969 inicia el período de luchas LGTBQ contemporáneas. Esta lucha, heredera directa de las luchas por los derechos civiles de la década de los sesenta en EE.UU. (luchas raciales, feministas, pacifistas, radicales, etc.) y Europa (mayo del 68) que se prolonga durante los setenta y ochenta, va consiguiendo un mayor reconocimiento y aceptación social de la homosexualidad, sobre todo de la masculina.

En los ochenta se produce la crisis del SIDA, pero comienza a darse el fenómeno de los DINK entre parejas heteros y homos; DINK es un término acuñado en esta década que hace referencia a: double income no kids (doble de ingresos sin hijos) que en las parejas masculinas tiene el añadido de que se trata de dos sueldos de varones. Este fenómeno sigue creciendo durante los noventa y va configurado poco a poco un nicho económico que se une a la cada vez más creciente aceptación social, pérdida de los valores católicos y una progresiva obtención de derechos sociales como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Además en 1993 la OMS elimina la homosexualidad de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

Con este fenómeno, la obtención de derechos y libertades y una mayor aceptación social en un contexto neoliberal en creciente expansión, tenemos la base sobre la que se asentará el pink market. En este proceso el papel de bolleras y personas trans es menos visible debido al conjunto de privilegios que poseen de entrada los maricas y por los cuales se han visto beneficiados en el proceso de visibilización y aceptación social. Eso no quita que detrás de la realidad trans no haya otro importante negocio de la sanidad privada y que las bollos no hayan participado o no estén participando de esta realidad económica.

La configuración del mercado rosa trae como consecuencia la construcción de dos esferas íntimamente relacionadas, lo que hemos identificado como la Esfera de lo material y la Esfera de lo simbólico.

1. Esfera de lo material

La configura toda esa rama de establecimientos, comercios y lugares de encuentro consumo orientados a un público homosexual mayoritariamente masculino con un nivel adquisitivo medio-alto. Un entramado de empresas, productos y servicios (con publicidad y prensa específicas) que exigen un determinado nivel económico (consecuencia probablemente del efecto DINK) que se da en un lugar y espacio concreto (el Castro en San Francisco, Chueca en Madrid o la Zona Rosa en México D.F., por ejemplo) Las herramientas a través de las cuales se ha hecho fuerte el capitalismo rosa son las mismas que las del capitalismo “al uso”; esto implica, por tanto, que las consecuencias y connotaciones de este sistema estén también presentes: desigualdad, discriminación social, racial y de género, exclusión social, explotación salarial, privatización de espacios públicos, etc.

Este es el escenario real, visible, tangible y “oficial” sobre el que se van a mover maricas, trans y bolleras. Este contexto se proyecta sobre l+s usuari+s de tal manera que encuentran en estos espacios la configuración de una/su identidad.

2. Esfera de lo simbólico (donde podemos hablar de dos ejes)

– Construcción de la Identidad
– Asimilación y neutralización del potencial subversivo de las luchas transmari-
cabollobiciosas/LGTB

Construcción de la Identidad

El mercado rosa fija y construye identidades, en este caso y sobre todo, una identidad masculina, quedando bolleras y sobre todo personas trans fuera del perfil de consumo más generalizado. Ser marica o gay se convierte en algo que es posible definir bajo parámetros que se especifican y materializan a través del proceso de consumo. Por el lugar en el que realizas tu ocio, qué y dónde compras, qué tipo de cuerpo tienes y deseas (es decir, cosificación de los cuerpos y cánones de belleza inalcanzables, cuestiones ya denuncia-
das por el feminismo) qué tipo de productos culturales o pseudoculturales consumes, etc. La identificación de una persona con esa identidad supone un proceso de liberación que viene dado por la capacidad de consumir. No hay que decidir cómo ser ya que el mercado te dice cómo. Se acepta un sistema excluyente y se consume dentro de ese sistema para autoafirmarse personalmente como LGTB. La liberación se convierte por tanto en una cuestión de clase: por un lado exige disponer de un nivel económico determinado que no todo el mundo puede asumir y por otro no toda la diversidad del abanico LGTB queda definida en esa identidad. Es por tanto una identidad excluyente, basada en el nivel socioeconómico, la apariencia física (culto al cuerpo y la juventud), patrones de raza (valoración positiva de los cuerpos caucásicos), homófoba en muchos casos (plumófoba) o misógina y tránsfoba en tantos otros. El mercado fija identidades como estrategia controladora que le aseguran su supervivencia.

Asimilación y neutralización del potencial subversivo de las luchas transma-
ricabollobiciosas/LGTB

En el momento en el que el mercado pone las reglas de lo que es o no es una identidad LGTB “legítima” (y por lo tanto un ciudadano LGTB “legítimo”) todo aquel que cumpla con sus requisitos (es decir consuma) quedará incluido en la sociedad. Esta es la promesa que hace el capitalismo: la falsa promesa de la igualdad. Pero un sistema económico que no promueve la igualdad y que está inserto en una sociedad transhomobifóbica no puede por tanto prometerla. La normalización de una situación se produce en tanto que se consume cuando en realidad lo que se están consumiendo y fijando son subjetividades e identidades colectivas. Identidades cerradas a la diversidad presente en la vida real. Se produce un fenómeno de asimilación a través del consumo, de la adopción de las estrategias propias del capitalismo y la aceptación a través de la asunción de las leyes del mercado que neutralizan todo el poder transformador de las luchas. El fuerte potencial subversivo y desestabilizador de la luchas de trans, maricas y bolleras queda diluido y descafeinado ante la esperanza de la normalización. Una normalización que persigue o que ha discurrido en la búsqueda de los privilegios que generó el capitalismo para proteger la propiedad privada: el matrimonio. Aunque el matrimonio entre parejas del mismo sexo supone un cortocircuito por sí mismo, supone también conseguir un reconocimiento-rendición ante el estado patriarcal que permite entrar a formar parte del conjunto de la sociedad como persona respetable, mientras se asegura de que a través de la obtención de ese estatus se siga en cierta medida perpetuando un mismo modelo de pareja monógama o de familia sin cuestionarlo, ampliarlo o destruirlo. El matrimonio es por tanto un medio pero nunca un fin en sí mismo.

El potencial transformador y revolucionario que se inscribe en las luchas de género inherentes a las luchas trans/feministas y transmaricabollobiciosas queda invisibilizado ante todo este aparato de asimilación y neutralización. El cuestionamiento del sistema sexo-género (base sobre la que se sustenta el heteropatriarcado y la sociedad capitalista) queda desactivado en favor de categorizaciones identitarias fijas (ser marica es algo determinado, ser bollo es algo concreto, ser trans es algo fijado). Éstas luchas no pueden quedar ocultas pues atraviesan, complementan y sustentan otras luchas (anticapitalistas, ecologistas, antiglobalización, etc.) y esta unidad es imprescindible para una transformación real y total de la vida.

Algunas conclusiones…

El mercado rosa aparece como un espacio de fuerza y un “sistema de intereses económicos que pueden enmascararse como conquista de derechos y decisiones políticas que realmente no ponen en cuestión los valores sociales mayoritarios ni abren el camino a una diversidad sexual y de género, en sentido amplio”. Y como señalaba el colectivo Liberacción en declaraciones al periódico Diagonal en 2006: “es un instrumento domesticador de una diversidad incómoda. Es una de las caras más evidentes de la llamada normalización: hacer pasar por ‘la norma’ –patriarcal, heterosexista, capitalista– aquello que puede potencialmente cuestionarla. Se crean categorías de lo “socialmente aceptado” para ser gay, que invisibilizan las realidades lésbicas y trans, y las múltiples caras de la realidad gay. Categorías, además, relacionadas con el consumo.

El consumo aparece como la única vía para obtener el status de ciudadano socialmente aceptado, de cumplir con el estereotipo de marica/gay que refleja y fija el mercado. La liberación aparece por tanto asegurada a través del consumo.

Esta asimilación se da en un contexto que sigue siendo transhomobifóbico y que encuentra en los barrios gays el muro de contención perfecto para estas comunidades, las cuales a su vez asumen su condición en el guetto que les ofrece toda una perfecta vida rosa aislada del violento mundo exterior. Toda esta configuración de la realidad gay “permite a la derecha señalar a los gays como ciudadanos con un nivel de vida superior a la media que no necesitan para nada leyes que los protejan especialmente, utilizando además la imagen del gay yuppie en discursos populistas e infundados para enfrentar a los trabajadores entre sí. Existiendo también una idea muy generalizada de que la población LGTB no sufre discriminaciones, que las transhomobifobia es una especie de espejismo del pasado y ya no hace falta reivindicar ni exigir derechos pues bastantes tenemos ya. Y finalmente, como sostiene Héctor Miguel Salinas Hernández, “la reivindicación política se ha perdido en una re-producción y re-apropiación a modo de la cultura heterosexista dominante.

La destrucción de este sistema parte del cuestionamiento crítico permanente, la resistencia activa, la creación de redes vivenciales alternativas de apoyo y la acción directa. Este aparato “normalizador” pretende decirnos cómo han de ser nuestras vidas, cuáles nuestros deseos y convertirnos en mer+s consumidor+s satisfech+s con las supuestas facilidades que el mercado (rosa o no) nos ofrece para vivir una vida llena de objetivos y necesidades falsas. Nosotras somos las únicas con capacidad para decidir sobre nuestros cuepos, deseos y, en fin, la vida que queremos vivir.

Imaxe

Texto extraído del fanzine R.E.I.N.A, el cual puedes consultar y leer pinchando aquí.

¿Quién es quién en el entraMADO político-mafioso-empresarial de las fiestas del orgullo?

Sí sí, no paramos de oír  por ahí que las fiestas del orgullo son el emblema de la diversidad sexual y que reporta miles de euros a MadrizZz. Pero, ¿quién gestiona y se lleva la pasta de este negocio? Con este esquemita didáctico nos queda a todas un poquito más claro el entraMADO político-mafioso-empresarial que se esconde detrás de las fiestas del orgullo… porque todxs sabemos que el orgullo no es fiesta, es protesta!!!

Imaxe

Si pinchas aquí puedes decargarte el pdf del esquemita, listo para imprimir y no pegarlo por las calles gentrificadas de esta aburrida ciudad.

#OrgulloEsProtesta

Orgullo Crítico